¿Es antidemocrática la prohibición de TikTok en Estados Unidos?
Por qué la prohibición de TikTok en EE.UU. le hace un flaco favor a la democracia
EE.UU. argumenta que es TikTok es una amenaza para la seguridad nacional por sus supuestas conexiones con el Partido Comunista Chino. Pero, ¿es una norma de estas características digna de una democracia con más de 200 años sobre sus espaldas?
El presidente de Estados Unidos Joe Biden rubricaba el pasado miércoles la controvertida ley que forzará el cambio de manos o en su defecto el cierre de TikTok en el país norteamericano. La norma en la que Biden estampó su firma la semana pasada es inusitada por varios motivos, en primer lugar por la celeridad con la que fue aprobada por el Congreso y en segundo lugar porque se trata de una ley que está específicamente dirigida contra una app que utilizan 170 millones de personas en Estados Unidos.
De acuerdo con la norma, ByteDance, la matriz de TikTok, deberá desprenderse de la filial estadounidense de la red social en un plazo de nueve meses que en ningún caso podrá prorrogarse más allá de los doce meses. De lo contrario, TikTok desaparecerá de las tiendas de aplicaciones al otro lado del charco y no podrá atraer a nuevos usuarios ni tampoco agasajar con actualizaciones a quienes ya tienen la red social instalada en sus teléfonos móviles.
Los legisladores estadounidenses argumentan que es TikTok es una amenaza para la seguridad nacional por las supuestas conexiones de ByteDance con el Partido Comunista Chino. Pero, ¿es una norma de estas características digna de una democracia con más de 200 años sobre sus espaldas?, se pregunta Max Hoppenstedt en un artículo para Spiegel.
¿Es la amenaza de prohibición la solución más sabia a los múltiples problemas que lastran TikTok?
¿No debería Estados Unidos haber aprobado en su lugar a una legislación que estuviera específicamente centrada en los múltiples peligros y riesgos solapados a TikTok? En lugar de una norma que una suerte de rodillo dirigido a aplastar sin contemplaciones una aplicación que utilizan 170 millones de personas, ¿no habría sido mucho más apropiado redactar una ley que adoptara medidas concretas contra todos los defectos (que no son pocos) que se le echan habitualmente en cara a TikTok?
Fijemos, por ejemplo, la mirada en la protección de datos. Si a los parlamentarios de Estados Unidos les preocupa tanto la privacidad digital, deberían haber sentado los cimientos de una norma que de manera efectiva regulara la compilación excesiva de datos por parte de toda la industria tecnológica en su conjunto. Al fin y al cabo, en Estados Unidos no existe ninguna ley de estas características y la ausencia de una norma de este tipo es particularmente flagrante en la que tiene la vitola de ser la primera democracia del mundo.
Y lo mismo podría decirse, por otra parte, de la otra pertinaz acusación que pesa habitualmente sobre TikTok: que es supuestamente una plataforma donde campan a sus anchas las «fake news» que China tiene a bien diseminar allí. En la era de la propaganda digital que promueven los extremistas y los enemigos de la democracia en todo el mundo esta es sin lugar a dudas una preocupación legítima. Pero TikTok no es en todo caso la única plataforma infestada de desinformación potencialmente peligrosa. También Telegram es una app llena hasta la bandera de «fake news».
Todas las plataformas 2.0 necesitan ser más transparentes en relación con las publicaciones que permiten en sus dominios y con aquellos posts que eliminan por quebrantar sus políticas de uso. Pero TikTok y compañía quieren evitar enarbolar la bandera de la transparencia a toda costa porque si lo hicieran, se demostraría su monumental fracaso a la hora de suprimir contenido que contraviene la legislación vigente. Y si lo que no dejan de ser viles mentiras no se eliminan, sí podrían ser al menos convenientemente contextualizadas mediante «fack checks».
TikTok podría, por ejemplo, promover activamente que la información de medios creíbles en relación con temas sensibles como la guerra de Gaza sea desplegada con más frecuencia en sus dominios. Sin embargo, ello entraría en conflicto con el algoritmo de la red social oriunda de China, que tiende a premiar el contenido (incierto o no) que genera toda una plétora de reacciones. Debería ser tarea de los legisladores tratar de poner palos en las ruedas a la app en tales áreas. El siguiente paso sería que las autoridades competentes en el plano técnico comprueben si las medidas adoptadas por TikTok son realmente efectivas y que si no lo son, impongan las sanciones oportunas a tales plataformas.
La presión legislativa puede ayudar a atar en corto a las plataformas 2.0. Así lo demuestra, de hecho, el proceder de la Unión Europea (UE). La semana pasada TikTok tomó la determinación de suspender el programa de recompensas de TikTok Lite después de que la Comisión Europea colocara en la mirilla ese funcionalidad por ser potencialmente tóxica y adictiva para los niños.
Estados Unidos parecer ser incapaz de contrarrestar los excesos de TikTok con normas inteligentes
Cuando la semana pasada se dio luz verde a la ley contra TikTok en Estados Unidos, algunos legisladores se jactaron de que esa norma era el primer paso para regular internet, cuando en realidad podría ser justamente lo contrario. Prohibir TikTok puede en último término robustecer el poder de otras empresas tecnológicas, que están radicadas casi todas (casualidades de la vida) en Estados Unidos, enfatiza Hoppenstedt.
Con la firma de ley para vetar TikTok en Estados Unidos, Biden está enviando dos señales absolutamente fatales al mundo. La primera de esas señales es que la democracia más poderosa del mundo parece ser a todas luces incapaz de contrarrestar los efectos nocivos del poder (salido de madre) de los gigantes de internet apoyándose en una legislación moderna. Al fin y al cabo, el problema no es tanto que TikTok sea propiedad de una empresa china como que no hay reglas para dar alto a los perjuicios que puede ocasionar esta red social. Y vender TikTok a otra compañía no elimina como por parte de magia los problemas de esta plataforma.
La segunda señal fatal que Biden envía al mundo con la rúbrica de la ley que aboca a TikTok a la prohibición en Estados Unidos es que su ejecutivo no parece confiar en la capacidad de los usuarios (eminentemente jóvenes) de esta red social para identificar la manipulación nacida al abrigo de esta plataforma. Conviene hacer notar que diferentes estudios han concluido que son los usuarios de más edad, y no los nativos digitales, los más susceptibles de caer en la trampa de las «fake news».
Para los más jóvenes TikTok es una plataforma muy importante para canalizar su autoexpresión. Para algunos la red social es, de hecho, parte de su identidad. Puede que sea una realidad que a algunos les cueste digerir, pero en los últimos años los jóvenes se han mudado de pequeños nichos online de naturaleza no comercial a una plataforma claramente orientada a la consecución de beneficios económicos como es TikTok.
Una venta forzosa o la amenaza de la prohibición de TikTok en Estados Unidos serán inevitablemente contempladas como un brutal ataque por parte de los nativos digitales. Y TikTok, asumiendo el rol víctima, podría convertirse a la postre en paladín de la libertad de expresión (por mucho que en el pasado la red social acaparara titulares, en modo alguno laudatorios, por eliminar contenido LGBT).
Resulta tan embarazoso como desconcertante que, ante la amenaza planteada por TikTok, el Gobierno de Estados Unidos haya decidido tomar la decisión más drástica: prohibir la app. Sería, al fin y al cabo, una opción mucho mejor y más eficaz aprobar leyes más inteligentes para regular internet y después aplicar tales normas contra aquellas empresas que se las saltan a la torera, concluye Hoppenstedt.