No intentes comunicar a oscuras

Es muy difícil circular de noche sin luz. Tanto es así que solo podemos asegurarnos de llegar sanos y salvos a nuestro destino si contamos con faros para iluminarnos el camino.
En el mundo del marketing y la comunicación nos ocurre algo parecido con el big data generado por los millones de conversaciones que se producen a diario en los canales digitales, y es que solo a través de su análisis podemos alumbrar estrategias efectivas y asegurarnos de que no «conducimos a oscuras».
Una revolución en la que no hemos dejado de evolucionar
La digitalización de la comunicación ha avanzado imparable a lo largo de los últimos años, revolucionando el proceso de formación de la opinión pública. En un contexto en el que, según muchos de estudios recientes, las redes sociales se sitúan ya como la principal fuente de información de la sociedad y especialmente entre las nuevas generaciones, la llamada conversación digital influye decisivamente en la comunicación de los gobernantes, de las empresas y sus líderes, e incluso en la línea editorial de los medios de comunicación.
No es casual, por ejemplo, que en la última década hayamos observado un creciente esfuerzo por parte de las empresas en desarrollar y comunicar su propósito corporativo o su compromiso social, sino que responde a un contexto en el que la conversación digital juega un papel clave.
Las redes sociales, desde su florecimiento, terminaron de empujar un cambio en la articulación de la opinión pública que ya se había iniciado con la blogosfera y la llamada web 2.0, amplificando la voz de una sociedad que a partir de ese momento comenzó a contar con un poderoso canal desde el que elevar sus opiniones, necesidades, demandas y exigencias, obligando tanto a la clase política como a las marcas a escucharles y responderles, teniendo que evolucionar para ello sus estrategias de comunicación si pretendían seguir conectando con ciudadanos y consumidores.
Con estos elementos podemos redactar una máxima de la comunicación corporativa moderna, y es que las marcas necesitan conocer y participar en las conversaciones digitales relevantes para sus intereses allí donde se están produciendo.
¿Y eso cómo se hace, se preguntará más de uno? Pues «encendiendo las luces» y poniendo los datos en la base de cualquier estrategia de comunicación. Gracias a la tecnología y especialmente a la inteligencia artificial podemos recoger, procesar y analizar los ingentes volúmenes de datos que conforman esas mencionadas conversaciones. En este sentido, desde LLYC hemos publicado recientemente el audiolibro «De la palabra al algoritmo. Inteligencia artificial para entender la opinión pública», en el que explicamos a través de numerosos casos reales de Data Analytics Suite (DAS) cómo la análitica de datos se aplica de manera diferencial al marketing y los asuntos corporativos.
¿Qué ventajas nos aporta la analítica de datos en la comunicación?
Herramientas como el DAS nos permiten estudiar territorios de conversación y las comunidades influyentes que los mueven, detectando primero qué temas son relevantes o lo van a ser a la vista de su comportamiento y tendencia, y sobre estos temas a su vez analizarlos para saber dónde se habla de ellos (con lo que decidimos los canales en los que tenemos que comunicar), cómo se habla (lo que nos ayuda a diseñar narrativas que conecten con los públicos), cuándo (para desplegarlas en los momentos oportunos) y quiénes movilizan la conversación (con lo que diseñamos planes de influencia digital y gestionamos a los líderes de opinión).
En definitiva, gracias a estos análisis podemos generar insights que nos alumbran en la definición de los principales elementos que conforman una estrategia de marketing o comunicación, siendo cruciales para tomar las decisiones adecuadas.
Hoy en día ya no podemos entender una comunicación efectiva sin basarla en un análisis de data. Y es que podemos tratar de conducir de noche sin encender los faros, pero si lo intentan abróchense bien el cinturón y recen… Porque lo menos que nos puede pasar es que nos salgamos de la carretera.
Por Alejandro Domínguez, Director Senior de Influencia Digital en LLYC
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