Un estudio apunta que la inteligencia artificial desafía la percepción humana
Cada vez es más difícil distinguir entre humanos y la IA: 57% de los usuarios de chatbots así lo indican
1 de cada 5 usuarios habituales de chatbots de IA señala que a veces ha olvidado que está interactuando con una máquina cuando se comunica con dichos programas.
La inteligencia artificial vivió durante mucho tiempo en el mudo de la ciencia ficción, pero desde que ChatGPT salió a la luz a finales de 2022, esta tecnología no ha parado de crecer y por supuesto, evolucionar. Incluso, es una tarea cada vez más difícil identificar cuando estamos hablando con un interlocutor humano, o si por el contrario quien nos responde es una IA.
De acuerdo a una reciente encuesta del instituto de investigaciones Institut für Demoskopie Allensbach y Deutsche Telekom, los alemanes están cada vez más preocupados por lo retador que resulta diferenciar al hombre de la máquina. De acuerdo a este estudio, aproximadamente tres cuartas partes de los alemanes mayores de 16 años ya han oído hablar de programas de inteligencia artificial como ChatGPT o Google Gemini, y dos tercios de los encuestados creen que se ha vuelto difícil distinguir entre un interlocutor humano y un chatbot con IA.
El 57% de los usuarios que ya han utilizado chatbots y otras aplicaciones potenciadas por IA están de acuerdo con la afirmación de que es cada vez más difícil distinguir entre interacciones con otras personas y una IA. «Para los usuarios habituales, el miedo a no poder distinguir entre un interlocutor humano y un robot de software es algo menos pronunciado», escribe el medio alemán Horizont. Además, 1 de cada 2 usuarios que utiliza aplicaciones o sistemas de inteligencia artificial al menos una vez a la semana comparte este temor.
La inteligencia artificial es cada vez más difícil de diferenciar
Con una IA que se comunica en lenguaje natural con una alta facilidad, cobra importancia para los investigadores el test Turing, con el que son capaces de evaluar la inteligencia de las máquinas en términos de su capacidad para imitar el comportamiento humano en una conversación.
Este experimento se diseñó por el británico Alan Turing, que teorizó sobre la posibilidad de desarrollar máquinas capaces de igualar en inteligencia a los seres humanos. Una afirmación que el matemático ya predicaba en la década de los 1950. Esta prueba consiste en un escenario donde un «juez» humano interactúa con otra persona, y con una máquina, sin saber qué respuestas provienen de cada uno, y si el juez es incapaz de distinguir entre los dos, se considera que la máquina ha superado el test.
Los resultados de esta investigación en Alemania se suman a las afirmaciones de instituciones, como la Universidad de California en San Diego, que aseguran que los modelos de GPT-3.5 y GPT-4 son capaces de superar el test Turing.