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El impacto de los influencers en la campaña de Kamala Harris y Donald Trump

Los influencers (y sus luces de neón) opacan a los medios tradicionales en las elecciones en EE.UU.

Kamala Harris y en menor medida Donald están apostando con fuerza por los influencers en su campaña electoral. Y entretanto los medios tradicionales se lamentan de su pérdida de relevancia en los procesos electorales.

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos están a la vuelta de la esquina y se celebrarán allende los mares en apenas un par de semanas. En un momento tan decisivo la candidata demócrata Kamala Harris está apostando con fuerza por las redes sociales, donde (convenientemente compinchada con prominentes influencers) ha terminado trocándose en absolutamente omnipresente, mientras que su contrincante Donald Trump confía sobre todo y ante todo en los clásicos eventos de naturaleza presencial, aunque en las últimas semanas ha comenzado también a poner ojitos a las celebridades nacidas al calor de la red de redes.

La semana emergía en el canal de Kamala Harris en TikTok un vídeo que mostraba a la candidata demócrata a la Casa Blanca haciendo campaña incansablemente por toda geografía estadounidense con el último objetivo de ganarse el favor de quienes no tienen aún decidido su voto de cara a la cita con las urnas del próximo 5 de noviembre (y que son quienes decidirán probablemente los resultados en estos comicios). El clip, de apenas 30 segundos de duración, iba acompañado de la voz en off de Lady Gaga describiendo su intensas giras musicales (tan extenuantes como la campaña en la que está embarcada ahora Kamala Harris).

El público objetivo de ese vídeo y de todo el canal en general son los votantes adscritos a la Generación Z, muchos de los cuales debutarán en las urnas el próximo 5 de noviembre y que se abastecen principalmente de información a través de TikTok y las redes sociales.

Aun cuando Kamala Harris tiene 59 años y entre ella y la Generación Z hay un evidente salto generacional, la actual vicepresidenta de Estados Unidos está conectando excepcionalmente bien con los centennials, a quienes encandila con su ironía y sentido del humor. «Harris está llevando a cabo la que es probablemente la campaña electoral más moderna de todos los tiempos», aseguraba hace poco Kenneth Pennington, estratega digital del Partido Demócrata.

Kamala Harris ha terminado haciéndose omnipresente en las redes sociales

Días antes de que viera la luz en su canal en TikTok el vídeo con la voz en off de Lady Gaga, Harris había hecho cuatro grandes apariciones públicas. En primer lugar, la candidata del Partido Demócrata fue entrevistada por la influencer Alex Cooper en su famoso pódcast «Call Her Daddy», que en el plano temático pivota principalmente en torno al sexo y las relaciones de pareja. A continuación, Harris tuvo a bien charlar con el popular locutor de radio Howards Stern, que con su crudo sentido del humor atrae sobre todo y ante todo a un público muy joven. Más tarde, la candidata demócrata visitó el plató del «late night» de Stephen Colbert, con quien compartió una cerveza frente a las cámaras, y después se sometió a una larga entrevista en profundidad en el programa «60 Minutes» de la CBS.

Harris parece haber sido ungida con el don de la ubicuidad en el transcurso de los últimos días. La demócrata sabe que quedan muy pocos días para la decisiva cita con las urnas del próximo 5 de noviembre y que no resulta tan conocida para el gran público como su rival. Hasta que el pasado mes de julio Harris relevara a Joe Biden en la carrera a la Casa Blanca, la candidata demócrata había sido virtualmente invisible y su proyección pública había sido prácticamente nula.

Harris es más que consciente de que su popularidad no es la más óptima de cara a las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos y por esta razón está siendo tan ambiciosa en su campaña electoral. Durante la semana del debate presidencial con Donald Trump Harris invirtió, por ejemplo, 12,2 millones de dólares solo en Facebook e Instagram, aproximadamente 20 veces más que el candidato republicano.

De manera similar, Harris ha gastado hasta 69,7 millones de dólares en publicidad en Google, mientras que Trump ha realizado un desembolso mucho menor: 18,7 millones de dólares.

En el hecho de que Harris esté invirtiendo notablemente más recursos que Trump en su campaña de cara a las próximas elecciones en EE.UU. podría influir que la candidata demócrata tiene simplemente más dinero a su disposición que su contrincante en las urnas. A finales de agosto la campaña en favor de Kamala había recadado 234 millones de dólares, lejos de los 135 millones recaudados por Trump y sus acólitos.

Trump, cuya campaña se está viendo lastrada por los elevados costes que el candidato ha tenido que afrontar en los últimos años en los diferentes juicios a los que se ha enfrentado en los tribunales, está en todo caso muy por detrás de su rival en cuanto a presencia en los medios, sobre todo en los canales digitales, donde la candidata republicana lleva definitivamente la voz cantante. El republicano se defiende argumentando que sus seguidores prefieren interactuar cara a cara con él en sus mítines electorales, tan concurridos que copan invariablemente múltiples titulares en los medios de comunicación. Con eso le basta y le sobra para estar constantemente en el candelero, asegura el expresidente de Estados Unidos.

Así y todo, y pese a la arrogancia que le caracteriza, Trump no está del todo ausente en las redes sociales, que han cambiando radicalmente desde que fuera aupado a la Casa Blanca hace ocho años. Sí evita, en cambio, de manera deliberada formatos televisivos como «60 Minutes» y se ha negado asimismo a protagonizar un segundo debate televisado con su contrincante Kamala Harris.

¿Están opacando los influencers a los medios tradicionales en la política estadounidense?

Las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde en la recta final de la campaña hay empate, según las encuestas, entre Trump y Harris, ponen en todo caso de relieve que los influencers ha irrumpido fragorosamente en política (y parece no haber vuelta atrás). A la Convención del Partido Demócratas fueron invitados, no en vano, 200 influencers, mientras que algunos periodistas se quedaron, por el contrario, compuestos y sin invitación. La política estadounidense parece haber comprendido que en las redes sociales todo orbita hoy en día en torno a «las recomendaciones de los algoritmos y el contenido viral», subraya Tim Caulkins, profesor de marketing de la Universidad de Northwerstern.

En las últimas semanas Trump ha contactado con una vasta miríada de personalidades online con la esperanza de conectar con aquellos votantes a los que no puede llegar a través de los medios tradicionales. El candidato ha concedido entrevistas al «podcaster» Theo Von, cuyo «target» son fundamentalmente hombres jóvenes radicados en zonas rurales, al boxeador y youtuber Logan Paul, y también a Lex Fridman, que está al frente de un podcast con el foco puesto en la tecnología y es un hombre muy cercano a Elon Musk.

Sometiéndose a las preguntas (no demasiado incisivas) de estos influencers Trump aspira a conectar con aquellos votantes que no consumen los medios tradicionales. Y su rival Kamala Harris está haciendo igualmente algo parecido con Alex Cooper y Howard Stern.

Es en todo caso quizás demasiado pronto para hablar de un cambio de paradigma en la forma en que los políticos conectan con sus votantes. La mayor parte de los presupuestos asignados a las campañas electorales siguen volcándose al otro lado del charco en la televisión y en la radio. Y Kamala Harris al menos sigue hablando regularmente con los periodistas de los medios convencionales. Pero la proporción de publicidad política que engullen las redes sociales ha aumentado del 14,1% al 28,1% en el transcurso de los últimos cuatro años. Y el rol de los medios no tradicionales y de los influencers es cada vez más conspicuo en las campañas electorales.

Los medios tradicionales son conscientes de que no tienen un papel tan destacado como tenían otrora en los procesos electorales y están haciendo oír su malestar. Harris ha sido, sin ir más lejos, duramente criticada por muchos periodistas por conceder una entrevista a Alex Cooper, una «podcaster» que ha forjado su fama sobre todo y ante dando consejos sobre sexo a mujeres jóvenes. Dicen las malas lenguas que Harris, al igual que Trump, estaría evitando deliberadamente las preguntas críticas de los periodistas más bregados en la arena de la política para hacer llegar su mensaje sin ningún tipo de filtro a sus votantes potenciales.

En el otro extremo del cuadrilátero los profesionales de la política argumentan, por su parte, que la vieja casta del periodismo político debería haberse adaptado mejor (y con más celeridad) a los tiempos que corren. «El trabajo de un candidato presidencial no es complacer a los medios tradicionales, sino inspirar entusiasmo en los votantes», recalca Jen Psaki, exsecretaria de prensa de Barack Obama.

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