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La publicidad en carretera más famosa de España es la del toro de Osborne

La historia de la publicidad en carretera: del toro de Osborne a la botella del Tío Pepe

El toro de Osborne, la botella del Tío Pepe o las famosas vallas publicitarias en carretera desaparecieron por la Ley de Publicidad en Carreteras del 88. Descubre su historia.

Andrea Mut

Escrito por Andrea Mut Actualizado el

La publicidad en carretera es algo que forma parte del pasado, aunque aún siguen quedando algunos carteles por estos caminos que hacen que un viaje sea mucho más ameno, como es el caso de los toros de Osborne.

Pero, ¿por qué se decidió eliminar la publicidad en carretera? ¿Cuándo empezó a desaparecer este tipo de publicidad? Y, ¿por qué sigue habiendo toros de Osborne en algunas carreteras? Os lo contamos.

El nacimiento de la publicidad exterior

Los orígenes de la publicidad se remontan nada más ni nada menos que a la época de antes de cristo (a.C.), y es que el primer anuncio del que se tiene conocimiento es el Papiro de Tebas (3.000-2.000 a.C.). Se trata de un documento en el que un comerciante denuncia la huida de uno de sus esclavos, y prometía en este papiro una recompensa para aquel que lo encontrara y se lo devolviera.

Este papiro es el anuncio publicitario más viejo del mundo, y a día de hoy, se encuentra exhibido en el British Museum de Londres.

papiro tebas

Tras aparecer la publicidad exterior, fue evolucionando hasta lo que conocemos a día de hoy como la valla publicitaria, que aparecieron por primera vez a finales del siglo XVIII a raíz de la invención de la litografía.

El primer cartel publicitario que se creó fue en París (Francia) y publicitaba un evento histórico, el centenario de la Revolución Francesa y de la toma de la Bastilla. Se trataba del cartel de la Exposición Universal de París en 1889 que se celebró del 6 de mayo al 6 de noviembre de 1889.

En España, uno de los primeros carteles publicitarios, que tenían como objetivo publicitar una tienda, fue el creado por Matías López para anunciar su empresa en 1851, Chocolates Matías López. Sin saberlo, López se acabó convirtiendo en una de las primeras personas que hizo uso del marketing oral en España para expandir el negocio y darse a conocer.

Cartel publicitario Chocolates Matías.

Poco a poco, el resto de países fueron adaptándose a esta nueva forma de hacer publicidad y, tras el «boom» que tuvieron los carteles publicitarios, llegaron las vallas publicitarias en ciudades y carreteras.

La publicidad en carretera más emblemática

Se considera que la valla publicitaria llegó de la mano de la aparición del automóvil, por eso, empezó a llegar esta forma de hacer publicidad a las carreteras entre los años 20 y 30.

Algunas de las marcas a nivel mundial que empezaron a apostar por este formato fueron Coca-Cola, Kellogg’s o Palmolive, entre otras.

Valla publicitaria Coca-Cola.
Cartel Kellog's

Aunque han sido muchas las marcas que han apostado por la publicidad en carretera o publicidad exterior, en España algunas de estas compañías han calado hondo en todas aquellas personas que han cogido aunque sea solo una vez su coche para recorrerse algunas de las carreteras de España.

El toro de Osborne

En 1956, el conocido Grupo Osborne, famoso por su brandy, encargó a la agencia Azor, y al diseñador Manolo Prieto, una valla para publicitar en las carreteras de España su famoso brandy Veterano. Prieto quiso que su valla publicitaria se integrara en el paisaje en el que se encontraba.

Esta acción, que ahora se consideraría como una gran campaña publicitaria en exterior, duró unos años por definir, y es que José Antonio Osborne y José Luis Gómez Bermúdez, se recorrieron las carreteras españolas buscando lugares donde poner sus 200 Toros de Osborne.

El primero de ellos se puso en la capital española, Madrid, exactamente en Cabanillas de la Sierra en 1957, un año después de que se diseñara este famoso toro. Medía 4 metros de altura y estaba fabricado en madera. Más tarde se decidió cambiar el material con el que lo construyeron por su rápido desgaste, y decidieron hacerlo de 7 metros de altura en chapa metálica.

Poco a poco fueron implementando leyes en el país que limitaba este tipo de publicidad. En 1962, se publicó un decreto ley que delimitaba la publicidad en los márgenes de las carreteras, y obligaba a retirar 20 metros toda la publicidad. Por ello, el Toro de Osborne pasó de medir 7 metros a 14.

Más tarde, en 1974, se publica otro decreto que obliga a retirar la publicidad hasta 50 metros, esto implicó que se tuvieran que reubicar los famosos toros de Osborne.

El Tío Pepe

Este es otro clásico de las carreteras de España, y es que tanto el toro de Osborne como la mítica botella del Tío Pepe han formado parte de los viajes en carretera de muchos españoles (y también extranjeros que visitan nuestro país).

La marca Tío Pepe de González Byass, lanzó en los años 30 una campaña publicitaria con un icono diseñado por Luis Pérez Solero. Lo que hizo Pérez Solero en este caso fue coger la mítica botella jerezana de Tío Pepe y «disfrazarla» o, más bien, «humanizarla».

A la botella jerezana se le puso chaquetilla flamenca, una guitarra como accesorio y un sombrero de ala ancha, todo relacionado con el flamenco y los orígenes de esta conocida botella.

Poco a poco, este símbolo de Tío Pepe ha ido evolucionando pero, evidentemente, siempre se mantienen sus característicos accesorios como es el sombrero cordobés, su guitarra española y la chaquetilla corta.

Pero, ¿qué ha sido de algunas de estas emblemáticas vallas publicitarias que ya no vemos por las carreteras?

¿Por qué desapareció la publicidad en carretera?

Todo empezó en el año 1988, cuando se aprobó un reglamento de carreteras donde quedaba prohibido poner publicidad en cualquier lugar visible desde carreteras y arcén. Se aprobó la Ley de Publicidad en Carreteras debido a que se consideraba que este tipo de publicidad era dañina para la atención de los conductores y también afectaba a la estética del paisaje.

Esto implicaba que el famoso Toro de Osborne y la conocida botella de Tío Pepe tenían que desaparecer de las carreteras españolas. Como muchos españoles ya consideraban estos míticos carteles como parte fundamental de la cultura y tradición de este país, hubo una presión social que hizo que figuras como el Toro de Osborne se salvaran.

En el caso de este toro negro de grandes dimensiones, en 1997 el Tribunal Supremo dictó un «indulto» para el Toro de Osborne por «estar integrado en el paisaje español».

Actualmente, quedan en las carreteras españolas unos 92 toros de Osborne, como también, alguna que otra botella de Tío Pepe. Además, Osborne no se conformaba solamente en tener sus emblemáticos toros en España, por eso, decidió ir más allá y promocionar su producto en otros países, por ello, en Japón, Dinamarca y México también nos podremos encontrar con algunos de los toros de Osborne formando parte de estos paisajes.

Toni Segarra, uno de los publicistas más importantes del sector, asegura que este tipo de campañas de publicidad exterior son, probablemente, las que mejor funcionan: «La mejor campaña de publicidad exterior que se ha hecho nunca en nuestro país, y una de las mejores del mundo, es la del Toro de Osborne, que se ha convertido en un icono español».

Del adiós de los carteles en carretera a la extinción de los carteles luminosos

Como comentábamos anteriormente, la Ley de Publicidad en Carretera sigue vigente actualmente tras haberse puesto en marcha en 1988 pero, más tarde, en 2009, se sacaría otra ley que prohibiría los carteles luminosos en las ciudades.

Alberto Ruiz Gallardón, el que era en esos momentos alcalde de Madrid y miembro del Partido Popular, decidió limitar el tamaño de los carteles y la colocación de lonas publicitarias en edificios, como también, se prohibieron los anuncios luminosos en el centro de Madrid. Esto provocó que muchos carteles que ya formaban parte de la ciudad, desparecieran.

El emblemático cartel Firestone de Madrid

El cartel de la marca que fabrica neumáticos Firestone, se alzó en el alto de un edifico de Madrid en el año 1956 y, 53 años después, en 2009, por la normativa municipal de Gallardón, este fue retirado de la calle O’Donnell que daba con Alcalá, donde los viandantes ya no pueden ver este emblemático cartel que iluminaba las noches de Madrid.

Firestone

El Tío Pepe y Sol

Es imposible pensar en ir a la Puerta del Sol y no ver el cartel luminoso de Tío Pepe. Pero, aunque parezca que este cartel ha estado toda la vida en Sol, no es así. Por culpa de unas reformas, se tuvo que quitar durante unos años.

Tras entrar la ley de Gallardón, muchos se preocuparon porque este cartel desapareciera de Sol, pero el que era alcalde en esos momentos, aseguró que es logo luminoso se iba a indultar por ser un «rótulo publicitario histórico». Más adelante, en 2011, se retiró, y el motivo fue por una reforma del edificio en el que se encontraba.

Este histórico letrero estuvo en Sol desde el año 1935, fue retirado en abril del año 2011, posteriormente fue restaurado y, ahora, ya se encuentra, otra vez, en la Puerta del Sol desde 2014.

El búho que vigila Barcelona

Por último, otro cartel luminoso que se vio afectado por las leyes de contaminación lumínica es el famoso búho de Barcelona.

Sobre uno de los cruces más transitados de la ciudad condal, permanece vigilante este búho, el cual es fácil verlo por su gran tamaño. Pero, ¿qué hace ese enorme animal encima de un edificio de Barcelona?

Este búho dorado lleva desde los años 60 en la plaza de Jacint Verdaguer, y fue puesto allí por la empresa Rótulos Roura, una marca de neón y carteles que decidió poner este búho en lo alto de Barcelona por la moda de la publicidad luminosa de la época.

Lo más destacado de este animal es que sus ojos brillaban en lo alto del edificio en medio de la capital catalana, y hacía de todo con su mirada: parpadeaba, se le ponían los ojos como si estuviera hipnotizando, en círculos…

Esto cambió cuando, a finales de los años 90, se aplicaron leyes como la comentada anteriormente de Gallardón en Madrid que prohibía los carteles luminosos en el centro de las grandes ciudades. El búho tuvo que apagar sus ojos y, además, desapareció de su cuerpo el logo de sus fundadores, Rótulos Roura.

En 2011, este famoso búho barcelonés fue restaurado y ha vuelto a vigilar e iluminar Barcelona con sus grandes ojos amarillos.

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