Los EFI tienen algo. Escribimos casos durante todo el año, a numerosos festivales, adaptando cada uno a lo que piden en bases, eligiendo de forma minuciosa la categoría e investigando con quién crees que podrás competir. Y todos requieren dedicación… pero lo de los EFI es otra vaina. Escribir un EFI deja en ti un poso y un vínculo con el caso como no lo deja otro festival.
Para empezar, por su dimensión y detalle al contarlo. Te reúnes con cliente, con la agencia creativa, con el equipo de cuentas, con investigación y empiezas a recoger tantos datos que en la primera semana tu cabeza y tus documentos se parecen a algo así:
Recopilando esta información para escribir el caso de FootballCan 2041 de Banco Santander, comencé a ver todo lo que habíamos hecho y me inundó el orgullo. Habíamos hecho un proyecto precioso que quería mejorar el fútbol en términos de inclusión, diversidad y sostenibilidad, se había lanzado en 5 países y había tenido tantas formas diferentes que era un caso digno de ejemplo transmedia (pero de verdad). Y, además de contarlo en el EFI y de compartir los buenos resultados -y eficaces- que tuvo, analicé qué me había dejado a mí como planner. Me puse romántica, como ese escritor que cuenta que el escribir la novela había sido un viaje personal en sí mismo. Cuando escribes un EFI pasas semanas involucrado en ello y aunque estás con otras cosas, con el curro diario, hasta que no lo entregas no puedes desconectar de él.
Este caso me hizo valorar lo importante que es crear un buen equipo de trabajo; lo primero para el proyecto en sí mismo, pero también para construir bien un caso que al ser leído sea capaz de entenderse y de enamorar a quien lo lea. Este equipo Santander-Havas-Arena funcionó, engranó y fueron los puntos de vista diversos los que lo enriquecieron. Que otros ojos lo lean, aporten y corrijan, es sanísimo.
Y en los momentos finales, en esos 2 días antes del deadline, es cuando piensas que qué pena no haber medido aún más el impacto que tuvo en esto o aquello, o qué pena no haber guardado ese comprobante con más calidad para el vídeo. En los momentos finales te asalta la ambición de haberlo hecho mejor, del no conformismo, y eso, eso también es muy sano, porque te hace enfrentarte a esto con incertidumbre, humildad y respeto por los grandes casos con los que competirás.
En Arena vivimos estos premios con muchas ganas e ilusión, en todas sus fases y momentos, y no nos quejamos, porque siempre nos dejan alegrías que celebrar con clientes o siendo agencia del año.
Una vez lo entregas, llega el subidón, suena música celestial en tus oídos y sientes que te has quitado un peso de encima. A partir de ahí, comienza la espera de la lista larga, para ver con quién te has de batir en duelo y después de eso, lo más emocionante, la lista corta. Entrar en ella es un pequeño triunfo, es sentir que el mercado ha visto algo en tu caso y que eso que te hacía sentir orgullo, era cierto. Y así nos ocurrió, entramos.
Pero finalmente este caso no se llevó el EFI. Aplaudimos al ganador con cara de quien no se lleva el Goya pero se alegra por el otro, y en mi cabeza seguía ese sentimiento de que el proyecto había hecho mucho bien en la sociedad, que me lo había pasado genial con el equipo, que habíamos probado formatos nuevos, que había aprendido y que la próxima vez tenía que guardar mejor esa captura que se veía borrosa o meterle más caña a la medición.
Ya queda poco para empezar a escribir los de este año, id afilando vuestros lápices y, sobre todo, disfrutad del camino. Para pensar en el outfit de la gala, aún tenemos tiempo.
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Por: Leticia Michelena, Strategy Manager de Arena, sobre el caso de Footballcan 2041.